sábado, 11 de noviembre de 2017

Hoy recordamos a Carlos José Antonio Teijeiro


Carlos José Antonio Teijeiro, "Carlitos" fue un vecino del barrio de La Boca, además de nuestro primo, hijo de Antonio Teijeiro (español del Ferrol) y María Rosa Colombo (italiana, de Milán). Su padre trabajó como mayordomo en la Flota Mercante del Estado. Y su madre era sombrera y bordadora. 
"Carlitos" vivió primero en la calle Necochea 1221, junto con toda su familia, después se mudaron a Necochea 1344. 
Le gustaba escuchar, en una radio que el padre le había traído de USA, música clásica. Organizaba asaltos y bailes de Carnaval. Llevaba a pasear a sus primos al Parque Lezama. Él paraba siempre en el Café "Dante", con sus amigos, Osvaldo Rivera, que imitaba muy bien al cantante All Johnson;  Alfio, Donato y otros. Le gustaba además la crianza de peces y el aeromodelismo.
A través de un compañero, llamado Landoni, entró a trabajar al Banco Nación, donde siempre se destacó por su inteligencia y buen trato. Al año de entrar, le tocó hacer el Servicio Militar Obligatorio, en Campo de Mayo, pero, Serafín Ré, un primo de nuestra abuela, logró trasladarlo al Tiro Federal.
Cuando cumplió con "la colimba", volvió al Banco, y por sus buenos antecedentes fue nombrado Secretario de Gerencia. Desde ese puesto hizo muchas amistades, el amigo que más lo quería era el mayordomo del Banco, Alejandro Caríssimo. En ese puesto estuvo hasta que fue trasladado a la oficina del Banco del Aeropuerto de Ezeiza, dependiente de la Sucursal Monte Grande. Fue un llamado del destino.
Aún estaba en el Banco cuando se casó con Ana Carolina Antelo, con quien tuvo dos hijas, María Cristina y María Inés. El suegro de Carlos, acérrimo opositor a la Iglesia, no asistió a la ceremonia religiosa. Don Arturo (Antelo) fue nombrado el socio número 1 de River Plate. Se dice que fue el autor de una de las marchas de su cuadro de fútbol, "River Plate, tu grato nombre", cuya música parece copiada de una marcha irlandesa.
Pasado el tiempo, Carlitos, junto a toda la sucursal de Monte Grande, ganó la Lotería de Santa Fe, muchísimo dinero.  Entonces, compró un hermoso chalet en Adrogué, adonde fue vivir con su familia, incluida su madre. Pasaba muchas horas en el jardín de su casa, escuchando música con auriculares. 
Fue un gran trabajador, nadie pudo superarlo, ni en su dedicación ni en su inteligencia.  Su tío, nuestro padre, lo asesoraba siempre que él se lo pedía.
Murió de un ataque al corazón después de una cirugía. Era demasiado joven y demasiado generoso para partir tan pronto.
Lo recordamos siempre con mucho orgullo, amor y agradecimiento.

Luis y María del Carmen
Colombo

domingo, 29 de octubre de 2017

Fondo de Las Artes tira libros a la basura

NOS INFORMAN: 




Al Fondo Nacional de las Artes (salió publicado) se le pidió "de arriba" desalojar una parte del local donde tienen todos los libros, para qué, para que tiren esos libros.

Los empleados se agruparon y los empezaron a regalar. La persona que informa fue a ver si era verdad. Lo confirmó el viernes, este lunes y el martes los iban a seguir regalando de 14 a 16). 
Esta persona se trajo 4 libros, los empleados comentaban que la orden del gobierno era tirarlos. Ni regalarlos ni donarlos.
Y hay más: lo confirmó el Ministerio de Educación. Una empleada confirmó que iban a dar de baja los libros publicados en la gestión anterior: ella se llevó varias cajas y las repartió entre sociedades de fomento, centros culturales.
Lo mismo pasó con un programa de películas que hizo el gobierno anterior, que venía con películas libros y cuestionario para que los chicos pudieran comentar esas films.
También pasó con una colección llamada "Piedra libre", colección de folletos para primaria. Las fueron a buscar escuela por escuela..., para tirarlas, claro.

Entre esos libros está mi antología de poemas, el libro lleva el número 44.
Pregunto: ¿por qué no me avisaron así me los llevaba yo?

sábado, 30 de septiembre de 2017

Hugo Tabachnik: Volviendo a casa








La primavera

Necia naturaleza:
a mi silla
le floreció una pata.



Eras parte de la tierra y como los pájaros

Muhammad al-Durra, un niño palestino de
once años
fue asesinado por soldados israelíes.
Sus ojos quedaron abiertos, reflejando el cielo,
como esperando a que alguien
borre la primera letra de la palabra “Emet”,
y que diga:
“Duerme allí, Golem, el sueño apacible del
Barro”.


Parece ser

que con los años
las heridas
tardan más
en cicatrizarse,
se endurece el oído,
se pierden los nombres,
se llora como violines.


El tiempo hermosea

El tiempo,
hijo del cielo
y de la tierra,
es un viejo bribón.
El tiempo hermosea.
El tiempo
Cubre de un bello manto de verdín
el bronce de las estatuas
de los viejos asesinos.


*Hugo Tabachnik (Buenos Aires, 1937). “Volviendo a casa (Ediciones Libros del Riachuelo, 2015) es el primer libro de un poeta de 77 años, que ha sido poeta toda su vida”, Federico Barea. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

Bares de la calle Necochea, que ningún historiador menciona y que ni figuran en Internet


BAR Y RESTAURANTE  JADRÁN

Este inmenso bar estaba ubicado en Necochea y Lamadrid. Sus parroquianos eran de la comunidad yugoeslava, en particular de la costa Dálmata. Salvo el mozo, Olalla, que era argentino y criado en el barrio, y al que todos conocían como "Rompetecho". ¿Por qué?: porque de chico caminaba por los techos haciendo travesuras. 
En verano, por la noche,  los parroquianos coreaban canciones de su tierra, tomando vino, ginebra y bebidas fuertes.


RESTAURANTE   PEDRITO
Enfrente del Jadrán, se ubicaba este restaurante, que tenía en el primer piso una pensión, cuyos pensionistas comían las exquisiteces que preparaba su dueña y Pedrito, ambos italianos. 
Tenía un salón inmenso, muchas mesas y una barra de aluminio. En ese bar se filmó la película "La Tigra", con Diana Maggi.

BAR   EL AMERICANO
Amílcar Patterlini era el dueño de este bar, donde se servían minutas y se jugaba a las cartas: truco, chin-chón, la brisca...
Patterlini cuidaba mucho de sus clientes: un caso muy recordado fue el de Peña, ex maquinista naval, quien se cayó al bajar de la escalera a la salida del bar. Cuando tomaba de más, era frecuente que lo robaran. Y ahí estaba Patterlini, cuidando de su cliente, para que eso no sucediera.

BAR   EL PINGÜINO
Los singular de este bar era que abría a las 4 am, para proveer a los obreros que iban a trabajar al frigorífico Anglo. 
Por la noche, se hacían guitarreadas, y comúnmente se armaban grescas, peleas por nimiedades. 
A este bar concurrían "Pechito", correntino y patotero, junto a su hermano "Pocho".
Ponce y Del Pino eran sus dueños. Uno de ellos vivía en la Isla Maciel. Cansados de las reyertas un día vendieron el bar a una mujer que instaló un cabaret.

CAFE BAR   DALMACIA

Unos zaguanes de distancia separaban a este bar de mi casa.
Ahí concurrían miembros de la comunidad yugoeslava. Los dueños de este bar organizaban los corsos de carnaval de la calle Necochea. Fue en este bar donde, además, se fundó el club de fútbol "Dalmacia", cuyos campeonatos se desarrollaban en la cancha del Frigorífico Pampa, en Blanes y Pedro de Mendoza. 
Uno de sus parroquianos más famoso era Milenko (Emilio Mirko), un hombre de gran estatura y muy Donjuán. 

LA LECHERÍA

Aquí concurría gente bien proletaria: estibadores, trabajadores del frigorífico, guardas y mótormans del tranvía. El negocio abría a la madrugada. 
En invierno vendían leche, café con leche, capuchinos, submarinos, medialunas, ginebra, grapa; en verano, leche fría, helados, los típicos sanwichs con leyenda y cucuruchos. 

ULTRAMAR

En Necochea y Olavarría, frente a la lechería, se encontraba el bar Ultramar. Su nombre estaba relacionado con el tipo de parroquianos que lo frecuentaba: marinos provenientes de Cabo Verde, que hablaban portugués. Todos de piel oscura y cabello moteado, salvo el dueño, Don Ibáñez, su esposa y las dos hijas, españoles de Galicia, y el infaltable  Antonio Teijeiro, mi tío, gallego del Ferrol. 
Lo conocíamos como el "bar de los negros", así lo llamábamos cuando éramos chicos. 
Muchos de los integrantes de la Sociedad Caboverdiana, del Dock Sud, frecuentaban este bar.
El personaje era el único mozo, paraguayo, por la habilidad con que manejaba la bandeja, y porque a cada rato preguntaba a los clientes: "Y..., ¿baila el ojo? Por supuesto, había que decirle que sí.

BAR  EL AMERICANO

En Lamadrid, entre Necochea y Almte. Brown, estaba este bar que incluía una pensión. Los pensionistas venían del interior del país a trabajar a la Capital y se albergaban en este lugar. 
Juan, su dueño,  era yugoeslavo, una persona muy servicial. 




Hoy recordamos a Jorge Eduardo Castañares


Jorge, alias "Cañón" -porque no se le entendía cuando decía "camión"-, vivía en el conventillo de Necochea  1315, al lado del Bar Ultramar. Allí convivía con su mamá, su papá y varios hermanos. Siempre, hasta sus últimos días vivió en ese lugar.
Cuando tuvo 11 o 12 años, su apodo cambió: lo llamaban "Abuela", porque si lo peleaban llamaba a su abuela
para que lo defienda.
Terminó el primario en la Escuela 14, del Consejo Escolar 4to. 
No quiso seguir estudiando, y se dedicó a trabajar: fue hielero (durante los veranos), cadete en la tienda del señor Bensakén, 
donde conoció a una vendedora y se puso de novio. 
Más tarde, se dedicó a pintar paredes, con mucho éxito. Y, en la época de primavera-verano organizaba los famosos "Picnics de Abuela", en el Parque Pereyra, la rivera de Quilmes, Punta Lara. No hizo el servicio militar por una herida que tenía en la cara. Se casó con su novia y tuvo tres hijos: un varón y dos nenas. 
No era muy bien visto en el barrio, porque era muy pobre, pero también muy libre.
Jorge era amigo de mi hermano Luis, a quien  llamaba por su apellido: Colombo. 
Se enfermó gravemente debido a un virus que, según los médicos, tenía que ver con el contacto con aves. Por eso, durante tres meses vivió en la casa de la hija. Su estado no le permitía encontrarse con mi hermano en el bar Roma, como lo hacía cuando eran adolescentes.
Carlos Schaff, alias "Puchero de hueso", o "Come Clavos" (como lo bautizara el actor Héctor Alterio) le daba trabajo, aunque la remuneración no era acorde con las tareas que Jorge hacía, de gran responsibilidad, ya que tenía que cuidar un depósito donde había metales muy valiosos. Justamente, fue Schaff el que le avisó a mi hermano que Jorge había muerto. 
Hoy lo recordamos, no tenemos ni siquiera una foto de él, pero lo hacemos porque era un vecino de La Boca noble, íntegro, honesto, trabajador y gran amigo de sus amigos. Seguramente, descansa en paz. 






jueves, 21 de septiembre de 2017

Walter Gustavo Telesca: Inmigrantes, obreros, socialistas y masones.



Barrios de inmigrantes proletarios y asociaciones masónicas. Del libro Inmigrantes, obreros, socialistas y masones.
(Extracto de uno de los capítulos)

“El censo de 1895 estableció en el Barrio de La Boca 38.000 habitantes, de los cuales 17.000 eran argentinos, 14.000 italianos, 2.500 españoles y el resto de otras nacionalidades.

Muchos de estos inmigrantes que practicaban diversos oficios se nuclearon en el ya citado barrio de La Boca y Barracas. Surgieron así Logias como Liberi Pensatori en 1875 en la cual, 15 años después de su fundación, ya militaban 172 miembros, entre ellos, maquinistas, albañiles, carpinteros, marinos, médicos, licoristas, sombrereros, farmacéuticos, etc.

Uno de sus fundadores y presidente en el período 1875-1878 será Juan Roncoroni. Con los años integró otras Logias. Nació en 1848 en Italia y murió en 1937. Llegó a la Argentina siendo adolescente y se dedicó al comercio y, entre otros logros, fue nombrado cónsul argentino en Italia por el presidente Julio Argentino Roca (Rudecindo Roca, hermano del presidente, fue Gran Maestre en la Masonería Argentina en el período 1896-99; y Julio A. Roca (h), también masón, fue vicepresidente de la Nación entre 1932-38). Como muchos de los masones de aquella época, Roncoroni fundó y/o integró diversas entidades.


Fue uno de los detenidos por la justicia, debido a los disturbios que ocasionaron los grupos anticlericales populares que atacaron