miércoles, 12 de octubre de 2011

Luciano Beccaria: Ciclo Arrojas Poesía al Sur Primavera


Leemos la muy buena crónica de Ciclo estacional Itinerante, Arrojas poesía al Sur Primavera: http://lucpierrot.blogspot.com/2011/10/escenario-florecido.html?spref=fb
 
 Cosechas primavera al Sur

Un palito salió de su plato como por capricho, rodó por la mesa y cayó desde el segundo piso del bar hacia el escenario que, abajo, se preparaba para un nuevo ciclo estacional de Arrojas Poesía al Sur. El snack remedaba una semilla latente lista para florecer de poesía y música en La Boca. Porque todo verso que se arroja cobra voluntad propia y se hace itinerante. Y quien arroja poesía, puede cosechar primavera.

La versión florida del ciclo tuvo lugar en el bar y espacio cultural Al Escenario, frente a la placita Matheu, que iluminaba a varios grupitos de jóvenes que también festejaban la flor de su edad. Esa esquina de Irala y Lamadrid que en otras épocas albergó el Almacén de Sabina. Dentro del bar, Laura Boscariol invitaba tecleando en su acordeón "Bajo el cielo de Paris", canzonettas italianas y temas de Bregovic, en un contrapunto con los gritos estudiantiles extraviados en la calle que agitaban la incipiente noche igual y clara de equinoccio.
  
Abrieron la actividad Zulma Ducca en voz y Laura Boscariol en guitarra,  interpretando el tango valseado "Flor de lino". Luego, Marta Sacco, organizadora del ciclo autogestivo junto a Ducca, dio escenario a la mesa de poetas de La Boca-Barracas. Primero fue el turno de Bernardo Torrez MoralesSofía CamachoValentina BruchsteinFelipe Noel Araya, estudiantes de primaria que integran el Taller de Poesía de la Biblioteca "Alfonsina Storni", el cual funciona en la Escuela Provincia de La Rioja del barrio boquense, y coordina Silvia Castro. La propia poeta patagónica recitó luego unos breves poemas performáticos en compañía de una caja pandoresca que le daba letra. En el mismo grupo, leyeron Carolina Díaz, tallerista de Cooperanza, un colectivo de autogestión que funciona en el Hospital Borda; Daniel Gradar, co-fundador del taller de APOA (Asociación de Poetas Argentinos) y del taller del Hospital Moyano que funciona desde 2007 y del cual tomó el material que presentó: voces de mujeres internas del Moyano grabadas que emergieron en una fugaz y simbólica libertad; y Julián González, poeta y trabajador de la Cooperativa Editorial Eloísa Cartonera, que recitó versos de Luis Luchi editados por ese colectivo boquense.

Luego de una breve lectura alegórica de las primaveras y sus significados variables según latitudes, meridianos y temporalidades, Zulma Ducca presentó la mesa de poetas llegadas desde otros barrios de la ciudad a "la comisura de La Boca", según suele decir Sacco. Victoria Schcolnik, de Palermo, editora de la revista Ventizca y co-fundadora de la Editorial Curandera, leyó una serie de poemas donde los sentidos parecen fundirse en una sinestesia cálida que nivela lo natural con lo amoroso. A su turno, Susana Villalba, poeta y dramaturga, creadora de espacios como Babilonia y La Casa de la Poesía, leyó poemas de su libro de culto Matar un animal que, precisamente, acaba de reeditar Curandera (tensión de miradas, armas y felinos), y resaltó la perturbadora impresión de que, a pesar de no haber estado presentes, los poetas del Borda y el Moyano pudieron al menos hacer un recitado mediado.

La última escena estuvo a cargo de Lala García, recientemente llegada del Festival de Tango Queer de Paris, que cerró cantando algunos temas de arrabal compuestos por mujeres.

La velada llegaba a su fin y una nueva estación comenzaba a celebrarse. Los tres niveles del bar empezaron a ser transitados por el público presente, mientras observaban las obras expuestas de Sophia Veber, que junto con Paco, al mando de las luces, son los dueños del bar. Pero antes, el ciclo cerró con una cantata a coro de "La jardinera", el tema de Violeta Parra que sirvió de fotosíntesis. Un canto a los brotes, los retoños y las flores que crecen desde el pie. Y un homenaje a los estudiantes que son "jardín de las alegrías", como ahora les toca a los del otro lado de la cordillera. Las nieblas del Riachuelo invadieron la noche y el escenario. El palito se ramificó más allá del bar, buscando un extremo y otra estación. El telón se cerró.

*Arrojas poesía al Sur, tiene lugar al comienzo de cada estación del año y cuenta con la participación de artistas del Sur y otros puntos cardinales, consagrados y emergentes de las nuevas generaciones que comparten poesía, en sus diversos formatos y estéticas. En este ciclo participan vecinos, artistas, organizaciones sociales e integrantes de la Red de Turismo Sostenible La Boca-Barracas. Esta Red, propicia experiencias y encuentros interculturales entre visitantes y las comunidades anfitrionas, basados en la solidaridad, la valoración de la diversidad, el desarrollo cultural genuino y el compromiso social.
Actividad libre y gratuita.
O r g a n i z a n: Marta Sacco y Zulma Ducca

 

martes, 11 de octubre de 2011

Rubén Darío en La Boca

En 1894, Rubén Darío visitó el barrio de La Boca, donde obtuvo, a mitad de precio, un ejemplar de Il trionfo della morte, de Gabriel d´Annunzio, editada en abril de ese año. 
Claro que el modernismo llega al barrio con Azul, el libro de Darío, en 1912; no con el poemario de 1888, sino con la publicación que, con ese título, empezó a distribuirse en La Boca en 1912.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Luba: una poesía dedicada a Quinquela


Nuestra querida amiga Marta Sacco nos envía esta foto de una poesía dedicada a Quinquela Martín, en la primavera del año1961, escrita por Luba, escultora amiga de Benito. 
¡Gracias, Marta!


*Archivo personal de Benito Quinquela Martín. Bibliorato Nº 31 (2) “Poesias” Pág.101

sábado, 24 de septiembre de 2011

Marta Sacco: Vuelta de Rocha: olas y lapacho en flor

En la Vuelta de Rocha olas y lapacho en flor, foto de la amiga Marta Sacco, a quien agradecemos el envío de esta hermosa imagen.

jueves, 22 de septiembre de 2011

María Hortensia Troanes: La sala de los Mascarones de Proa

II. Lugar

Donde se estrecha el vasto estuario
del mundo
los barcos arrojan su bitácora,
saeta a las alturas, brújula, contraseña,
mareada en un espejo.

-De barco a cielo.

-Sea que arriben o que zarpen.

Caben en la memoria,
plateados naufragios,
sucesivas, remotas, fundaciones,
cartografías afiebradas,
tormentas repentinas, las maniobras del viento;
el barro pegajoso y la arenisca
de batallas, incendios, incursiones, amores,
de ciudades pobladas, despobladas, trasladadas, perdidas,
de hambrunas,
entre los verdes de la línea de fondo, solo río
y las lenguazas castañoamarillento o más oscuras,
de otoño a invierno a primavera verano
en transición al mar.

Poderoso, fértil,
légamo patria sedimento
desagua
la gran cuenca del agua.

Y aquel inquietante y cercano terremoto del mes de junio
1888
cuando el marrón furioso destapó los siglos,
en la vorágine del río,
haciendo temblar el maderamen de las casas
y la quilla de las naves.

Ahora
-quién sabe qué año-  pasa un remolcador
con su monótono sonido y la humareda.
Arrastra un buque de oltreoceano
hasta su anclaje
lastimado
en los manchones multicolores y azarosos
de La Boca del Riachuelo.

*María Hortensia Troanes. La sala de los mascarones de proa. Ed. Nuevohacer, Buenos Aires, 2010.

martes, 20 de septiembre de 2011

María del Carmen Colombo: Cuenco


En el patio de casa, sentada en una sillita, miro cómo una paloma picotea miguitas del piso. De pronto, una agitación de alas en el aire. Levanta  vuelo la paloma.
  Mis ojos, siguiéndola, se alzan y encuentran el cielo lejano y muy azul, manchado con algunas nubes, y después a mamá, que está colgando ropa allá arriba, en la terraza. 
  Mamá se pierde detrás de una sábana, su cuerpo, velado,  parece resistir el flujo y reflujo de la tela, agitada por  el viento. Después ella desaparece.  Me desespero,  el patio se agranda, el cielo se viene encima.
  Me levanto de mi asiento y la llamo, y justo cuando estoy por llorar, la cara redonda y blanca de mamá se asoma por el hueco que se forma entre dos prendas. Sonríe y me dice algo que no alcanzo a  escuchar.
  Quieta, más bien paralizada al lado de mi silla, la veo aparecer esta vez de cuerpo entero, sale toda ella de detrás de una colcha como de un telón,  y vuelve  a ocultarse; una, dos, tres veces se repite esa coreografía, hasta que mamá se desprende de la última sábana y comienza a bajar por la escalera mientras se arregla el pelo alborotado.
  Ahora viene lentamente hacia mí. Está cerca, muy cerca; se agacha y sus brazos me sujetan con fuerza. Yo hundo mi cabeza en el cuenco de su pecho: siento el olor fresco de su piel, mezclado con el perfume a sopa que parece desprenderse de las flores celestes de su batón. 

*Texto inédito.