sábado, 14 de noviembre de 2015

Museo Quinquela Martín: Esculturas


Gracias Marta Sacco


El Museo presenta su catálogo de esculturas.



Mañana sábado 14, a las 15.




"Las colecciones del Museo Benito Quinquela Martín - Esculturas", es la publicación realizada en conjunto con el Espacio de Arte de Fundación Osde, y se da en el marco de una puesta en valor integral de nuestro patrimonio escultórico.

Entre esas acciones hay varias novedades, como la remodelación de la sala de mascarones de proa, y la reapertura de las terrazas con más esculturas, y luciendo los colores que les había dado Quinquela en su momento...


martes, 3 de noviembre de 2015

domingo, 26 de julio de 2015

Joyas de la colección Alfredo Lázzari

Gracias Marta Sacco. Museo Bemito Quinquela Martín.
JOYAS DE LA COLECCIÓN.
Alfredo Lázzari. "Alrededores del Riachuelo", Óleo sobre tela, 74 x 104 cm. - 1938
La actividad artística y docente que Lázzari desarrolló en La Boca desde los albores del siglo XX, marcó el inicio de la "Edad Dorada" del arte boquense.
Sus pinturas exhiben el pleno dominio del oficio de un artista excepcional. Y a sus legendarios cursos de dibujo y pintura en la Academia "Pezzini Stiattesi" de La Unión de La Boca, asistieron entre otros, Benito Quinquela Martín, Fortunato Lacámera, Vicente Vento, y Arturo Maresca.


domingo, 17 de mayo de 2015

Luis Colombo: Los amigos*


Cruzaba el Parque Lezama, se me hacía tarde para ir a trabajar, entonces apretaba el paso cuando un tipo, vestido con traje a cuadros y zapatones, igual a un clown, se me acercó y, en un idioma rarísimo, me mangueó. Como yo no entendía, apeló a las señas.
Con una mano en los labios hizo el gesto de pedirme un cigarrillo. “No fumo”, le contesté. La cara del tipo era de desolación, sus ojos celestes parecían taladrarme.
Volvió a la carga cuando advirtió que me iba, me tomó del brazo, gruñó, gesticuló, y por último repitió la seña. Yo también como en el oficio mudo le respondí que no entendía.
Pero de pronto se acercaron otros tres que prácticamente me rodearon. “Chau –pensé-, acá me afanan.”
La baranda que despedían era insoportable, para salir corriendo. Uno se adelantó balbuceando:
--Yo  –y señaló a los otros tres--, Ucrania;  barco caput, no dinero, no nada
–y agitaba los brazos.

--¡Y qué querés que haga!, yo no gobierno –contesté.
Cuchichearon los cuatro, el que más chapurreaba el castellano dijo:
--Vos cigarrillo…
--No fumo –le dije, casi enojado.
--Entonces vos un peso – respondió con mímica.
--Yo no Naciones Unidas, yo no Acnud…
--¡Naciona Unidas, Acnud, mierda! –gritaron todos juntos.
--Ah --contesté ya furioso -, ¿no quieren tampoco a las Naciones Unidas? Entonces, ¿qué carajo quieren?
--Querer un peso –dijo uno de ellos.
--No tengo –contesté-. No tengo cigarrillo, no tengo un peso. Yo trabajar…, no millonario… --hablaba contagiado por el chapurreo de los gringos.
 Me miraban con esos ojos celestes rodeados de mugre, y el contraste se hacía más intenso por la suciedad y la ropa destrozada.
--Yo camarada acá dos años –dijo uno--, argentinos todos mirar su propio culo, barco caput, Rusia caput. Nosotros todos a la calle, sin plata, sin nada, solo hambre. ¿Argentina? –agregó, y me hizo un corte de manga--. ¿Ucrania? –otro corte de manga--¿Naciones Unidas? –otro más…
Le iba a responder de la misma manera, pero metí la mano en el bolsillo y le di una moneda de cincuenta. Ahí todo cambió, no era lo que pedían pero era algo.
--Gracias camarada  -me dijo, cuchicheó con los otros un rato. Uno se separó del grupo y desapareció. La imagen de abandono se notaba menos, solo alcancé a balbucear
--Bueno camarada, yo trabajar, irme.
--No, camarada. Un momento ya vuelve otro…
--No, trabajo primero, importante –dije.
--Un momento solo… -respondió.
El que había desaparecido regresó, y no venía solo. Traía una bolsa y lo acompañaba una mujer. Hablaron en su idioma entre ellos. El que ya era la voz cantante del grupo se me acercó y dijo:
--Acá, Natalia, cocinera de barco, sola y sin nada, nosotros regalamos ella. No vivir más en calle tirada; ella mujer, necesita baño, limpieza, así que para vos –abrió la bolsa, sacó un tetrabrik, dijo:
--Prosit tovarich –y se empinó el vino.

Natacha, tan mugrienta como ellos, me miró con tristeza y vergüenza. Enfrente vi un teléfono público y me dirigí  hacia él. Ese día no fui a trabajar.

*El cuento que se transcribe pertenece a un libro en preparación.