Gracias Marta Sacco. Museo Bemito Quinquela Martín.
JOYAS DE LA COLECCIÓN.
Alfredo Lázzari. "Alrededores del Riachuelo", Óleo sobre tela, 74 x 104 cm. - 1938
La actividad artística y docente que Lázzari desarrolló en La Boca desde los albores del siglo XX, marcó el inicio de la "Edad Dorada" del arte boquense.
Sus pinturas exhiben el pleno dominio del oficio de un artista excepcional. Y a sus legendarios cursos de dibujo y pintura en la Academia "Pezzini Stiattesi" de La Unión de La Boca, asistieron entre otros, Benito Quinquela Martín, Fortunato Lacámera, Vicente Vento, y Arturo Maresca.
domingo, 26 de julio de 2015
domingo, 28 de junio de 2015
domingo, 17 de mayo de 2015
Luis Colombo: Los amigos*
Cruzaba el Parque Lezama, se me hacía tarde para ir a trabajar, entonces apretaba el paso cuando un tipo, vestido con traje a cuadros y zapatones, igual a un clown, se me acercó y, en un idioma rarísimo, me mangueó. Como yo no entendía, apeló a las señas.
Con una mano en los labios hizo el gesto de pedirme un cigarrillo. “No fumo”, le contesté. La cara del tipo era de desolación, sus ojos celestes parecían taladrarme.
Volvió a la carga cuando advirtió que me iba, me tomó del brazo, gruñó, gesticuló, y por último repitió la seña. Yo también como en el oficio mudo le respondí que no entendía.
Pero de pronto se acercaron otros tres que prácticamente me rodearon. “Chau –pensé-, acá me afanan.”
La baranda que despedían era insoportable, para salir corriendo. Uno se adelantó balbuceando:
--Yo –y señaló a los otros tres--, Ucrania; barco caput, no dinero, no nada
–y agitaba los brazos.
--¡Y qué querés que haga!, yo no gobierno –contesté.
Cuchichearon los cuatro, el que más chapurreaba el castellano dijo:
--Vos cigarrillo…
--No fumo –le dije, casi enojado.
--Entonces vos un peso – respondió con mímica.
--Yo no Naciones Unidas, yo no Acnud…
--¡Naciona Unidas, Acnud, mierda! –gritaron todos juntos.
--Ah --contesté ya furioso -, ¿no quieren tampoco a las Naciones Unidas? Entonces, ¿qué carajo quieren?
--Querer un peso –dijo uno de ellos.
--No tengo –contesté-. No tengo cigarrillo, no tengo un peso. Yo trabajar…, no millonario… --hablaba contagiado por el chapurreo de los gringos.
Me miraban con esos ojos celestes rodeados de mugre, y el contraste se hacía más intenso por la suciedad y la ropa destrozada.
--Yo camarada acá dos años –dijo uno--, argentinos todos mirar su propio culo, barco caput, Rusia caput. Nosotros todos a la calle, sin plata, sin nada, solo hambre. ¿Argentina? –agregó, y me hizo un corte de manga--. ¿Ucrania? –otro corte de manga--¿Naciones Unidas? –otro más…
Le iba a responder de la misma manera, pero metí la mano en el bolsillo y le di una moneda de cincuenta. Ahí todo cambió, no era lo que pedían pero era algo.
--Gracias camarada -me dijo, cuchicheó con los otros un rato. Uno se separó del grupo y desapareció. La imagen de abandono se notaba menos, solo alcancé a balbucear
--Bueno camarada, yo trabajar, irme.
--No, camarada. Un momento ya vuelve otro…
--No, trabajo primero, importante –dije.
--Un momento solo… -respondió.
El que había desaparecido regresó, y no venía solo. Traía una bolsa y lo acompañaba una mujer. Hablaron en su idioma entre ellos. El que ya era la voz cantante del grupo se me acercó y dijo:
--Acá, Natalia, cocinera de barco, sola y sin nada, nosotros regalamos ella. No vivir más en calle tirada; ella mujer, necesita baño, limpieza, así que para vos –abrió la bolsa, sacó un tetrabrik, dijo:
--Prosit tovarich –y se empinó el vino.
Natacha, tan mugrienta como ellos, me miró con tristeza y vergüenza. Enfrente vi un teléfono público y me dirigí hacia él. Ese día no fui a trabajar.
*El cuento que se transcribe pertenece a un libro en preparación.
martes, 24 de marzo de 2015
Arrojas Poesía al Sur: Banquete Poético, en el barrio de La Boca
Gracias Marta Sacco y Zulma Duca.
Sábado 21 de marzo de 2015: Equinoccio de otoño- Día Internacional de la Poesía. San Benito. Edición especial dedicada a Benito Quinquela Martín, en el Día de su Santo ...
sábado, 21 de marzo de 2015
martes, 10 de marzo de 2015
Héctor Pedro Blomberg: Las veladas del bar Garibaldi y otros poemas
Gracias al poeta Jonio González
LAS VELADAS DEL BAR GARIBALDI
Las veladas del bar Garibaldi
tenían
Olor a sangre, a whisky, a
espuma y a carbón;
Allí, cuando los hombres
llegaban o partían,
Sonaba de los mares la terrible
canción.
¿Dónde estarán aquellos rudos
aventureros,
Ulises andrajosos que hablaban
en inglés
De extrañas Odiseas a bordo de
veleros,
Y de obscuras Ilíadas hacia el
Este de Suez?
Eran de Glasgow y Génova, de
Cádiz y el Pireo,
De Hamburgo y San Francisco, de
Capetown y Bombay.
A veces, en la noche, parece que
aún los veo,
Y escucho alguna historia que
sucedió en Shanghai.
¿Adónde se habrán ido los
errantes que un día
Poblaron de leyendas el tumulto
del bar?
Algunos redondean el mundo
todavía
Otros están durmiendo en el
fondo del mar.
Sospecho que uno de ellos se
pudre en un presidio;
Tal vez otro agoniza en algún
hospital;
Otro buscó en las aguas
sangrientas del suicidio
La ruta misteriosa para el
puerto final.
Oh mis Jasones ebrios... En sus
almas traían
La canción de la vida vagabunda
y brutal;
Y eran bellos sublimes, porque
todos tenían
El desdén de la muerte, del amor
y del mal.
Nadie cantó su sombra, su dolor,
su aventura.
Sólo yo alguna noche de música y
de alcohol,
Recogí la leyenda miserable y
obscura
Y conté su tragedia bajo la luz
del sol.
LA MUERTE DE SCHNEIDER
A Schneider lo mataron una noche
En el boliche de la Paraguaya.
Tenía los ojos azules
Y la cara muy pálida.
Schneider oía el canto de la
alondra
Del viejo Rhin en las mañanas
claras:
Soñaba con países
De sol, y con tierras lejanas.
Se embarcó en un velero, allá en
Hamburgo,
Partió en la niebla de una
madrugada.
Schneider fue por los cinco
oceanos
Con sus ojos azules y su cara
muy pálida.
Se enamoró una noche, muy ebrio
y muy romántico,
De aquella camarera valenciana
Que volvía locos a los marineros
En aquella taberna del Río de la
Plata,
Y Un hombre lo mató de un
navajazo
En una vuelta de la calle
Australia.
¿Dónde estará el alma de
Schneider?
¿Oyendo las alondras del Rhin en
las mañanas?
¿Vagando por los mares
En los perdidos barcos?
Yo he llorado por Schneider, una
noche de lluvia,
En el boliche de la paraguaya.
EL CHINO DEL “AURORA”
¿Por qué maté a aquel chino a
bordo del "Aurora"?
No me había hecho nada; de una
humildad sin fin,
Limpiaba mi cabina; de noche, a
toda hora,
Me llevaba a la guardia los
sandwiches y el gin.
Y cayó a la primera puñalada, en
el puente,
Cuando ya comenzaba la Osa a
palidecer;
Al arrojarlo al agua se hundió
pesadamente,
Y tres veces seguidas volvió a
reaparecer.
Lo maté por el pájaro negro que
lo seguía
Riendo siniestramente durante
todo el día.
Desventurado chino, nada me
había hecho.
En las guardias del alba, en las
horas más solas.
Lo veo claramente surgiendo de
las olas
Con el sombrío pájaro posado
sobre el pecho.
LAS DOS IRLANDESAS
Aquí estoy con los chinos y las
dos irlandesas
que llegaron a bordo del Jamaica
Marú;
Maggie, la mayor, tiene ojos
como turquesas
y bebe gin en este viejo bar del
Dock Sur.
Nancy, la menor de ellas, parece
una gitana,
pero nació en el barrio más
pobre de Dublín;
arde en sus ojos negros una
pasión lejana
y en su pálida frente hay una
cicatriz.
De dónde las trajeron los chinos
taciturnos
Maggie me habló al oído: “los
conocí en Shangai...”
(En el bar se morían los
murmullos nocturnos
y en los labios de Nancy se
apagaba un cantar...)
El Marú había partido con rumbo
a Yokohama.
Maggie me amó en las noches
siniestras del Dock Sur;
Me hablaba de su vida errante, y
una llama
de pasión palpitaba en su mirada
azul.
Nancy, junto a nosotros, cantaba
dulcemente
canciones misteriosas de la
China y del mar.
(Quién las llevó de Irlanda al
infierno de Oriente,
y por qué las trajeron los
chinos de Shangai).
Pero yo amaba a Nancy, la
irlandesa morena;
los chinos, silenciosos, miraban
a las dos;
las casuchas dormían bajo la
luna llena
y en los negros navíos temblaba
un resplandor.
¡Nancy! ¡Nancy! Una noche su
canción quedó trunca;
los chinos dormitaban borrachos
de chandú...
¡Pobre Maggie! Esa noche bebió
más gin que nunca
y se arrojó a las aguas oscuras
del Dock Sur.
Estos poemas pertenecen a El pastor de estrellas, Tor, Buenos Aires, 1928; Gaviotas perdidas, Ediciones Selectas
América, Buenos Aires, 1921, y A la deriva: canciones de los puertos, de las
tierras y de los mares, Minerva, Buenos Aires, 1923.
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