lunes, 30 de mayo de 2011

Las cantinas de la Boca transformaron la calle Necochea en un basural...

Cuando me  fui del barrio alrededor del año 1970, todavía estaban allí. Eran, si no me equivoco, alrededor de 20, Spadavecchia, La Gaviota, Priano, Rimini, La Cueva de Zingarella, Gennarino, La Barca de Bachicha, Il Piccolo Navio, All’Italia, Sparafucile, La Bella Napoli, Marecchiare; más una cantidad de piringundines aledaños que crecían a la sombra de estas cantinas, refugio de marineros, borrachos y malandrines de toda laya. Como el que estaba justo enfrente de mi casa, un night club-whiskería de lo peor, en Necochea al 1300, regenteado por un cafishio que castigaba a sus “damitas” a la vista de todos.
Cuando leo las crónicas y relatos nostalgiosos  relacionados con las cantinas de La Boca, me doy cuenta que quienes los escriben no tienen la menor idea de lo que significa vivir en lugar así, porque, los que eso escriben, estoy segura, no han experimentado en carne propia  semejante padecimiento.  Son “turistas” de la pobreza y la degradación, los mismos que sacan fotos de los conventillos y las exhiben como medallas de pintorequismo, sin ruborizarse ni pensar en el dolor de  la gente que habita en esas covachas de lata y madera -porque ellos viven en casas con calefacción y aire acondicionado, y ni tienen idea de lo que es, por ejemplo, compartir el baño, ubicado afuera de la casa).
Desde que las cantinas comenzaron a crecer y desparramarse, la calle Necochea se transformó en algo así como una zona roja, soy testigo, en un basural, orinado y vomitado por los turistas que, después de sus comilonas y borrachos, se divertían, entre otras cosas, pateando tachos de basura, manoseando mujeres, entre gritos y alaridos. Las "trabajadoras del sexo" y sus clientes arreglaban sus negocios justo debajo de mi balcón - podía escuchar muy bien sus transacciones.
¿Dormir?, era casi imposible hacerlo por eso y, sobre todo, por el ruido de la música en vivo que despedían estos antros hasta pasada la madrugada. 
A los únicos que beneficiaba la existencia de esos establecimientos era, por supuesto, a sus dueños, porque, como fuente de trabajo, mejor perderlas que encontrarlas. Y si no, pregunten a los que alguna vez trabajaron en esos lugares (mozos, lavacopas, cuida-puertas, etc.), empleados sin salario, que vivían de las propinas. 
Como decía "Mordisquito", el famoso personaje de Discépolo: "No mientan más, a mí no me la van contar".

7 comentarios:

  1. PREFIERO MIL VECES ESA EPOCA Y NO LA DE AHORA ,QUE NO PODES SALIR NI A LA PUERTA.TE COMPRENDO PORQUE SOS UN BICHO APARTE.

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  2. Esta descripción de situación, me parece mas cercana al día a día que vivimos los actuales vecinos (año 2013), que a la que vivían los vecinos de hace 40 años atrás.
    La invito a que vea lo que es HOY (año 2013) la calle Necochea.
    Si para la época de auge de las cantinas hizo semejante descripción, uso tales palabras para descalificar a las cantinas de la calle Necochea, no me quiero ni imaginar las que usará después de recorrer esa calle en el año 2013.
    Si le pudo molestar la música o la gente, la puedo entender, como entiendo a la gente de PALERMO hoy, que se deben quejar (no me consta) de los boliches y restoranes que noche tras noche reciben a cientos de personas, sobre calles como Niceto Vega, Honduras, Av. Juan B. Justo, etc por ejemplo.
    Con mi mayor respeto, le reitero la invitación (año 2013) camine por la calle necochea entre Olavarría y Brandsen, donde solían estar las cantinas.

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  3. Mi estimada Maru, la recorrí dos veces en 2013 y 2015.
    Terrible panorama de destrucción y desidia!
    Gracias.

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    Respuestas
    1. Yo, Martín García, nieto de Don Rodrigo García. Mi abuelo fue el dueño de LaBarca De Bachicha. En la década del 70' hemos celbrado en su restarante los 31 de diciembre y algún que otro cumpleaños de la familia. Las cantinas llenas de gente que sabia divertirse. Mucho s se excedian, salian cona lcoholemia intolerable. Igual que hoy los de Palermo super Holluwood. ¿Que será de Palermo en 20 años? Lo mismo que la calle Necochea hoy. En diciembre de 1987 he celebrado el fin del secundario junto a mis compañeros en la cantina LOS TES AMIGOS. todavia había diversión. Abrazo. Martín.

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    2. Hola Martín, mi nombre es Eduardo y soy el esposo María Cristina Perez, hija de Raúl Perez, hermano de tu abuela. Por supuesto conocimos a Don Rodrigo y en la década del 70 íbamos a comer a La Barca, donde tu abuelo nos atendía como reyes. Allí comí las mejores gambas al ajillo que probé en mi vida (y eso que también tuve oportunidad de probarlas en España).
      Guardamos hermosos recuerdos de tus abuelos y tus padres, pero hemos perdido todo contacto con los Perez García. Sería un gusto muy grande poder contactarme con vos. Mi celular es 11 3355 1282 (podes contactarme por WhatsApp), y el de María Cristina: 11 6863 4987. También el Facebook https://www.facebook.com/edurattner y https://www.facebook.com/CristinaPerezDelBustio

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  4. Por el santo amor de Dios la calle Necochea, llena de violines, prostis, vendedores de merca, chorros, peligro acercarse, te va a quedar el ano más roto que a Wanda Nara.

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  5. Es muy doloroso ver el estado actual de la calle Necochea y sus aledaños. Ahora, respecto a la época de oro de las cantinas, las recuerdo con mucha simpatía y cariño, vivo en el barrio desde 1972.

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